Los primeros inventos datan de la prehistoria fueron elementos realizados en piedra, toscos y rústicos

Quien inventó...
Los calcetines

Nacieron en el Neolítico, junto con las primeras botas, pero la industria del calcetín propiamente dicha surgió en el año 256 a. C. en Egipto. De ese año datan los más antiguos que se conservan. Se encontraron en una tumba de un niño, están hechos a ganchillo y tenían dos partes: una enfundaba el dedo gordo y la otra el resto. Los romanos los incorporaron a su atuendo en el siglo II d. C.; hasta entonces, no llevaban nada entre pie y sandalia.

Los perros guía

La primera escuela de entrenamiento para perros se fundó en la I Guerra Mundial, en Alemania, como ayuda para los soldados que quedaron ciegos por ataques con gas mostaza. La idea se le ocurrió al médico Gerhard Stalling durante una caminata con uno de sus pacientes. Tuvo que apartarse del hombre un momento y le ordenó a su pastor alemán que le hiciera compañía. Cuando volvió con ellos, se sorprendió de que ambos hubieran continuado el paseo sin problema alguno.

Los regalos

Los fenicios ya hacían regalos hace tres mil años. En realidad, los inventaron como estrategia de márketing. Cuando sus naves arribaban a un nuevo destino, y antes de hablar de negocios, obsequiaban a sus habitantes para ganarse su confianza. Para fidelizar a sus nuevos clientes, intentaban que los primeros trueques fueran ventajosos para ellos.
El vidrio de seguridad

Se incorporó primero a las máscaras de gas, y tras la I Guerra Mundial, a coches, aviones y en la construcción. Lo descubrió en 1903 por accidente el científico francés Édouard Béné-dictus al tirar un frasco que había contenido nitrocelulosa y comprobar que los pedazos se mantenían juntos en su forma original.

La lejía

Fue descubierta por el francés Claude-Louis Berthollet en 1785, quien empezó a usar este producto químico como blanqueante. Pero fue el médico Pierre- François Percy el pionero en utilizarla como desinfectante a finales del siglo XVIII.

La lejía, o hipoclorito de sodio, se popularizó a principios del s. XX con los nombres de Licor de Dakin y Agua de Labarraque, y su uso sigue vigente hasta hoy.

Retrete público

El resto arqueológico más antiguo de estas construcciones se conserva en la ciudad griega de Salónica. En 1990 se descubrió una casa de baños, que a la vez era un burdel, del siglo I a. C. en el que, entre otras cosas, se hallaron consoladores de arcilla y una hilera de retretes abiertos sobre una plataforma elevada. Un siglo después, en Roma, ya se usaban urinarios públicos. Los llamaban columnas mingitorias o vespasianas, en honor del emperador que ordenó su construcción. Por cierto, la orina recogida se utilizaba después como lejía.

Linterna de pilas

Vio la luz en Nueva York y nació de otro invento, un tanto inútil: el tiesto eléctrico. Era un artilugio que consistía en una pila delgada colocada en un tubo, en uno de cuyos extremos había una bombilla. Su objetivo era meramente decorativo: iluminar una planta, de ahí su denominación. El invento fue un fracaso, pero Conrad Hubert pensó que podía tener otras utilidades.

Le compró la patente a su entonces jefe, Joshua Lionel Cowen, y modificó el tiesto eléctrico alargando el cilindro. Lo registró en 1898 con el nombre de “lámpara eléctrica portátil”. La idea ha sido una de las más rentables de la historia; cuando Hubert murió, en 1928, dejó más de seis millones de dólares para obras de caridad.

El Diu

Un diafragma un poco rudimentario, corteza de granada, ya se usaba en el siglo VI a. C. en Roma. Hasta mediados del siglo XIX siguieron utilizándose métodos “caseros”, pero en 1860 el doctor Foot inventó el capuchón cervical, una idea que fracasó.

El principio lo retomó el austríaco Kafka, quien difundió en Europa el dedal de oro, plata o platino, utilizados hasta que se impuso el caucho.
El Diu de Kafka hecho de oro, plata o platino
Cubitos de hielo

La revolucionaria idea de vender hielo se le ocurrió al estadounidense Frederic Tudor, pero los inicios no fueron fáciles, y su negocio no tuvo la acogida esperada, por lo que entró en quiebra varias veces antes de triunfar. El primer intento de vender agua congelada en las calurosas tierras caribeñas fue en 1806, pero el cargamento se derritió en el puerto de la isla de Martinica. En 1820, tras una excelente campaña de marketing, triunfó en el Caribe, y más tarde, en Europa, hasta el punto de que reunió una fortuna equivalente a 9 millones de euros actuales.
La Maleta

Desde la Edad Media, durante siglos fue de uso exclusivo de la gente humilde. El equipaje de las clases altas se trasladaba en arcas y baúles de madera (no lo hacían ellos, claro), y de bulto de mano utilizaban unas bolsas de tela para el maquillaje y el dinero.

Con el auge del turismo a principios del siglo XX, las personas adineradas se sumaron a la comodidad de la maleta. El invento de la cremallera, y sobre todo el del nailon y la fibra artificial, contribuyó a su difusión, pero su éxito definitivo llegó con el avión como medio de transporte.
El mechero

Tal y como lo conocemos ahora, es heredero de un dispositivo que funcionaba con gasolina y que ideó en 1909 el austrohúngaro Carl von Auer von Welsbach, quien también perfeccionó la bombilla eléctrica. En 1932, el estadounidense George Grant diseñó el mechero por excelencia: Zippo. Su popularidad se debió a que, aparte de su facilidad de manejo, era infalible. La publicidad prometía que se encendía siempre, y el fabricante estaba tan seguro de ello que lo garantizaba de por vida. Su aparición supuso un quebradero de cabeza para los fabricantes de cerillas, que incluso consiguieron que los gobiernos aprobaran un gravamen especial contra los mecheros.

Los tacones


Su origen no tiene nada que ver con cuestiones estéticas. Los hititas empezaron a usarlos porque montaban a caballo, y los tacones contribuían a fijar el pie en el estribo. Por eso, la bota fue el primer calzado que los incorporó. Si su origen se debe a una cuestión práctica, su difusión durante la Edad Media se debió a razones higiénicas. El tacón era el mejor medio de andar por el barrizal que se formaba en las calles de tierra cuando llovía y para sortear los “obstáculos” procedentes de los barreños y cubos de alivio de las casas.

Laxante

Es un invento de antes de Cristo, en Mesopotamia extraían de la raíz del ricino un aceite amarillo que, además de servir como laxante, se usaba como hidratante. En el siglo XX, el farmacéutico Max Kiss lo mezcló con chocolate tras comprobar cómo los bodegueros añadían al fino feloftaleína, una sustancia con los mismos efectos que el aciete. Lo llamó Ex-Lax, abreviatura de "excelente laxante" y en un año consiguió vender quinientos millones de dosis.

La sacarina

Fue descubierto en 1879 por Ira Remsen y Constantin Fahlberg cuando investigaban en la Universidad Johns Hopkins sobre la oxidación de los elementos químicos. Después de un experimento, Falhberg fue a comer y se dio cuenta del extremado dulzor de los alimentos que manipulaba. Enseguida averiguó la razón: se debía a la sustancia que había quedado impregnada en sus manos en el laboratorio, la sacarina. Fuente:Quo.es

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